Saber perder

Los últimos meses de mi vida han sido ciertamente desagradables. Afortunadamente nada terribles, pero sí bastante plagados de disgusto y desánimo. Muchas inseguridades, bastante presión autoimpuesta, ansiedad y abatimiento… Nada grave, repito. Pero imagino que al final todo ello va calando, va despojándote de la vitalidad y te acaba dejando en un estadio reflexivo, melancólico, circunspecto.

Así me siento desde hace tiempo: como un ratón en un ring procurando encajar los golpes del contrario, sabiendo que debe aguantar hasta que acabe el combate pero con unas ganas enormes de huir a su madriguera. Siento que he perdido en parte de lo que más pasión y fuerzas he dado, y no veo muy halagüeñas las perspectivas de futuro ahora mismo.

A ninguno nos gusta saber que fracasamos, que lo que hacemos cae en saco roto, que todo el esfuerzo no llega al mejor de las puertas. Que a veces no es suficiente con la pasión, con la entrega ni con las buenas formas. Al final, existen unas reglas del juego, un campo de combate donde debes desenvolverte. Al final no somos lo que valemos individualmente, sino el valor que nos conceden los demás. Para frikis inadaptados como el que escribe estas líneas, esto último es una verdad cruel pero necesaria.

La versión de Ana Belén de «Piano man» (Billy Joel) incide mucho más que la original en la idea de fracaso.

Será necesario aceptar que has perdido. En un tiempo en el que el fracaso está tremendamente penalizado, donde el sufrimiento se oculta y se disimula, es casi un acto de rebeldía. Al final, todo se resume en saber perder, en conocer el momento de ceder para que otros ganen. Esta lección que aprendes de niño, lo que tuve que aprender yo en juegos como el Monopoly o el Risk, es crucial para la vida.

El problema viene cuando el deseo de ganar a toda costa se impone sobre lo demás. Y no es extraño pensar por qué. La historia se acuerda raras veces de los perdedores, de los que pasaron al segundo plano, y tiende a encumbrar a quienes obtuvieron la victoria. Poca gente se acuerda de George McGovern y Walter Harrison, del Conde-Duque de Olivares y del general Domingo Batet, de Yoyes y Jesús Eguiguren, de Rosalind Franklin y Mileva Maric, de Hipatia de Alejandría y Olympe de Gouges, de Gerardo Iglesias, Bayard Rustin y de Walter Benjamin.

Dos figuras en el bosque (1890). Autor: Vincent Van Gogh.

Los que no encajamos en todo este tinglado social no podemos más que sentir simpatía, cuando no admiración, hacia aquellos que aceptan su fracaso sin paliativos. La derrota, dice un querido maestro de actores, es más elegante siempre. Yo admiro a la gente que reconoce sus debilidades, sus errores, que no se escuda en dialécticas absurdas. Admiro a la gente que sabe perder, tanto cuando tiene la humildad suficiente para reconocer su mal y enmendarlo como cuando se marcha, con la cabeza bien alta y la dignidad intacta.

Al final, imagino se trata de seguir a tu brújula moral, de decir lo que tienes que decir y hacer lo que tienes que hacer. Probablemente haya consecuencias duras, pero te librarás del peor martillo que uno puede sufrir, que es el de la propia conciencia. Y, de paso, aprenderás mucho. Los malos tragos son los que más fuerte te hacen.

Esta escena de Pequeña Miss Sunshine (2006, Valerie Fairis y Jonathan Dayton) es una de mis favoritas.

En el peligro de saber perder, está siempre la irremediable tentación de someterse a una actitud masoquista, cabizbaja. Nunca es conveniente. No hay que confundir el noble amor por los derrotados con el insano amor por el derrotismo. Aquello que llamamos las causas perdidas en el fondo no lo son, porque si luchamos por ellas es porque creemos que tienen un valor que va más allá de nosotros mismos. El resquemor puede ser una emoción al principio del viaje, pero nunca al final. Evitar el resentimiento es otra de las grandes lecciones que te ofrece aceptar la derrota.

Me gustaría terminar con una cita de Pier Paolo Pasolini, que vivió de lleno el fracaso, la incomprensión y el desprecio de su época. Casi podría resumir lo que quiero decir:

Poco más que añadir. Bueno, esto:

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1 comentario en “Saber perder

  1. Hola, Perro Verde.
    Un Sabio no muy conocido decía: «Perdiendo, perdiendo, hemos hecho todo lo que tenemos».
    Un abrazo.

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